Camino a Rumanía etapa VII

Cualquier lugar es bueno si nuestra predisposición lo es. Hungría no es un sitio que destaque por su belleza, pero hemos pasado dos días por este país muy agradables. Nos han tratado muy bien y nos ha dado pena dejarlo atrás aunque, todo hay que reconocerlo, las grandes e interminables llanuras plagadas de cultivos de cereales, no son nada «friendly» si viajas en moto.

Hemos pasado la frontera de Rumanía a las 14:00 horas, por el paso de Oradea, un lugar industrial, impersonal y poco entrañable. La ciudad de Oradea nos ha sorprendido por su extensión, su estilo post-socialista (reminiscencias urbanas de la época de Ceaucescu) de edificios tristes, cuadrados, exageradamente ordenados y cartesianos, en contraste con el bullicio de sus calles, plagadas de gente en movimiento y actividad desmesurada.

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Nuestra pensión en Chiscau, unos 15 euros la noche

Fuera de tópicos, Rumanía está en vías de expansión, con gente dispuesta a ponerse al mismo nivel social y económico que otros países europeos, con infraestructuras que empiezan a florecer (hoy hemos circulado por carreteras completamente nuevas y recién asfaltadas) y con un pasado, relativamente reciente- que pesa como una losa en su imagen generalista- que debemos interpretar como algo pretérito.

Hay que venir a hacer turismo a este país, hay que descubrir sus rincones monumentales y hay que dejarse aquí los euros (convertidos a Leis o Rones) en lugar de gastarlos en los hoteles de Cabo Norte, el Stelvio, o el Furkapass (me confieso pecador de estos destinos). ¿Merece la pena? Pues, con nuestra mentalidad pseudo-consumista, pagar al cambio 18 euros por un hotel de tres estrellas o cenar dos personas en un restaurante por siete euros, es un argumento más para visitar este país aunque, insisto, esta gente necesita que hagamos una discriminación positiva hacia su país, y no hay que venir aquí pensando en lo que nos vamos a ahorrar.

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Montes Apuseni

Hemos dado con nuestros dolorosos huesos (ya llevamos 3.000 km de viaje) en el Parque Natural de los Montes Apuseni, en la localidad de Chiscau, donde mañana visitaremos la Cueva del Oso. No hay bancos, no hay cajeros, nadie acepta tarjetas de crédito, todo se arregla hablando entre personas (la reserva del hotel, el precio pactado, los compromisos…) y casi no hay cobertura de móvil (escribo esto gracias a dos rayitas de wifi que me llegan al móvil). Esta es la vida que merece la pena ser vivida ¿O ser recordada?

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Recorrido 7: Szentendre-M0-M3-salida a Poroszló-Tiszafüred-Karcag-Berettyóújfalu-Borş-Oradea (RO)-Beiuş-Sudrigiu-Chişcău-Peştera Urşilor (Cueva del Oso)

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