Camino a Rumanía etapa XIII

Por suerte se ha pasado toda la noche lloviendo y, justo a las 8 de la mañana, ha parado y ha salido el sol. La temperatura ha bajado mucho y hemos podido conducir hasta salir de Serbia a unos 22 grados de temperatura media, casi 15 grados menos que ayer.

Serbia es un país que apenas tiene autopistas y toda la vida se concentra en torno a las carreteras. Sólo hay dos autopistas de pago y el resto son carreteras de doble sentido de circulación que, además, no circunvalan ningún pueblo. Durante las tres primeras horas del día, esforzándonos mucho, hemos conseguido sacar medidas de 42 km/h.

Al llegar a la frontera de Karacaj nos hemos asustado al ver la cola de vehículos que pretendían entrar a Bosnia-Herzegovina. Los camiones hacían una cola independiente de más de un kilómetro de longitud. Hemos continuado 20 kilómetros hacia el sur y hemos pasado por una frontera solitaria, que cuesta trabajo encontrar en los mapas.

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Los mensajes de confraternización entre los países que hace tan sólo 20 años libraban una guerra atroz están en la calle, en los medios de comunicación, en los foros internacionales… pero en las fronteras, el serbio putea al bosnio, el bosnio al croata, es croata al montenegrino… Nada subido de tono ni escandaloso, pero, mientras un español tarda 15 segundos en pasar de Serbia a Bosnia, un bosnio se tira unos cuantos minutos, y le abren hasta el maletero del coche, sin acritud, pero el mensaje queda claro.

No lo puedo negar: Bosnia es, posiblemente, mi país favorito. Los paisajes son entrañables, las carreteras como sacadas de un cuento y la gente es de lo más pintoresca. Bosnia y Herzegovina es el único país balcánico en el que conviven las tres culturas (ortodoxos, católicos y musulmanes) en un porcentaje similar (treinta por ciento de cada confesión) y la hermandad y el respeto es real, aunque cada territorio étnico agrupa a los practicantes de una religión determinada y hay comportamientos tácitos que impiden el mestizaje de manera casi natural. De todos los Balcanes, Bosnia es el país más humilde, no tiene la Costa Dálmata de Croacia y Montenegro, ni los cultivos y la industria de Serbia, ni la relevancia europeísta de Eslovenia, ni la protección de la que ha disfrutado Kosovo (Kfor) desde que terminó la guerra … Pero demuestran que son capaces de administrar sus recursos con mucha inteligencia, máxime pensando que fue el país que se llevó la peor parte en la guerra de los Balcanes y todavía tiene poblaciones importantes que no se han reconstruido (en Bihac la guerra parece aún viva).

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Biblioteca Nacional de Sarajevo: donde comenzó la Guerra de los Balcanes

Hemos llegado a Sarajevo a primera hora de la tarde, al tiempo que se ha puesto a llover de manera tímida, lo justo para que la temperatura fuera deslucida para pasear por su centro histórico. Me he enamorado de esta ciudad, construida entre colinas, reconstruida con muy poco dinero y mucho esfuerzo tras una reciente guerra fratricida, como todas las guerras estúpidas de la humanidad, y en la que pasear es el mejor deporte. Sólo con sentarse a tomar un té con pastas de almendra en cualquiera de sus callejuelas tienes el espectáculo asegurado: un crisol de personas y personajes desfilan frente a tus ojos.

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Por fin una ciudad «visitable» en la que nadie ha prostituido su casco histórico con un Zara, un Pull&Bear y un Burguer King. Las tiendas son artesanas de verdad, la comida es casera, los olores son auténticos. Pero no hay comodidades para turistas de Lonley Planet en ristre: busca, habla con la gente y descubre este apasionante lugar.

Hemos encontrado un pequeño restaurante donde cenar, pero sólo tenía mesas corridas. Al poco de estar ahí se ha sentado, cortésmente, un matrimonio de bosnios con nosotros. El hombre, de unos 60 años, hablaba bastante bien inglés, y se nos ha ido el Santo al cielo charlando. Vivió la guerra, al preguntarle por ella su gesto ha entristecido y ha respondido con un «eso está olvidado», nos ha preguntado por España: su imagen era negativa, pensando que nuestro país es sólo Costa Brava y Marbella, algo que no parecía gustarle demasiado. Le hemos hablado de Toledo, Cáceres, Santander, Lugo… Casi ni recuerdo lo que hemos cenado, momentos como el vivido con esta pareja es lo mejor que uno se puede llevar de un viaje.

Ya estamos descontando kilómetros para la vuelta a casa, las motos ya registran más de 5.000 kilómetros cada una y todavía nos queda atravesar Croacia, Italia… pero el viaje continúa, con la misma ilusión y entusiasmo que el 16 de agosto, cuando nos paramos a desayunar en Agreda al poco de salir de Madrid y tuvimos conciencia por primera vez de que las maletas estaban llenas de aventuras por descubrir.

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Recorrido 13: Pančevo-Belgrado-Obrenovac Šabac-Loznica-Karakaj (BIH)-Kulina -Tepen-Kladanj-Olovo-Sredneje-Vogošća-Sarajevo

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