10 puertos duros

A lo largo de las décadas que llevo pedaleando he ascendido infinidad de puertos, de los cuales, una inmensa mayoría los he subido por razones de trabajo, para hacer la medición de las pendientes kilómetro a kilómetro. Esta tarea de las altimetrías sirve para informar a quienes no hayan visitado un puerto de su dureza y en uno de estos gráficos se refleja el despiece de cada subida, tramo a tramo, generalmente fraccionado por cada 1.000 metros de longitud y 100 metros de altura. Gracias a la edición de estas altigrafías, un gran número de personas pueden valorar una subida antes de sufrirla ya que, además de poder compararlas, se pueden seleccionar los desarrollos con los que se pretenda ascender e intuir el desgaste físico que pueden provocar al ciclista.

Con estos datos sobre el papel, muchos equipos profesionales desarrollan las estrategias para afrontar las etapas de montaña en competición y los mecánicos pueden elegir los desarrollos (combinación de platos y piñones) con los que equiparán a las bicicletas de los corredores.

Esta es la parte teórica; llevo muchos años perfeccionando el método de medición y no deja de ser una técnica que depende, en gran medida, de los aparatos de medición que se utilicen (GPS, altímetro, barómetro…) pero, al afrontar un puerto cara a cara, en la mayoría de los casos nos encontramos con algo muy distinto a lo que hemos visto dibujado sobre el papel, porque hay factores mucho más importantes que la inclinación de una rampa determinada. El estado físico y el acondicionamiento deportivo son los factores  más importantes, debido a que el único motor que utiliza la bicicleta procede de la energía transferida por nuestras piernas.

Pero también es muy importante nuestro estado de ánimo, la temperatura ambiente, la calidad del asfalto, la humedad relativa del aire, si pedaleamos solos o acompañados… Como resultado de la suma de todos estos factores, nos podemos encontrar subiendo con facilidad un puerto que se anunciaba como muy exigente, o sudar la gota gorda en una subida en la que no nos habíamos fijado con detalle.

De todos los puertos que he medido (algo más de 400, en diferentes países), guardo especial respeto por estos 10 que he seleccionado, en los que he pasado los momentos más difíciles de mi trayectoria “cazapuertos” ciclistas. Cada uno tiene detrás una historia y a todos ellos me gustaría regresar en alguna otra ocasión.

Angliru

1 Angliru

Muchos ciclistas se estremecen con ver este nombre. Es una antigua pista de servicio ganadera que se asfaltó a finales de los años 70 y no se tuvo en cuenta que tendría que ser transitada por vehículos convencionales. Sus rampas, de hasta el 23% de inclinación, no son el peor enemigo, sino la consecución de tramos, con más del 15% de pendiente, que convierten sus poco más de 10 kilómetros en un infierno. La primera vez que lo subí fue al final del invierno y tuve la desagradable sorpresa de encontrar mucha nieve en la carretera y en los tramos más duros un estrecho carril, de unos 50 cm de anchura, por el que me vi obligado a pasar, sin poder aprovechar el ancho de la calzada para recuperar el resuello. Después lo he subido en cuatro ocasiones más y no me pareció tan duro, pero de aquella primera vez guardo una sensación muy dolorosa.

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2 Alpe d´Huez

El mítico puerto de las 21 curvas más famosas del mundo, rotuladas cada una de ellas con los nombres de los ciclistas que han vencido en su cumbre cuando se ha disputado en el Tour de Francia, tiene una entrada muy fuerte, con los tres primeros kilómetros realmente duros (pendientes mantenidas de hasta el 15%), pero lo que lo hace realmente antipático es que casi nadie realiza la ascensión como único objetivo de la jornada. Es una subida con unos escasos 10 kilómetros de longitud, pero todo el que visita esta zona de los Alpes aprovecha para encadenar varios puertos cercanos en el mismo día: Galibier, Glandón, Croix de Fer… y como Alpe d´Huez siempre se asciende como puerto final (se suele subir y bajar por la misma vertiente), se llega con las fuerzas muy justas. Una de las peores ascensiones que recuerdo a este puerto fue en una tarde de tormenta: apenas llovió, pero la temperatura y la humedad eran tan altas que la sensación de bochorno pudo más que mi optimismo.

Camperona

3 La Camperona

Hace tan sólo seis años que ascendí hasta esta antena de radiofrecuencia (no podemos considerarlo un puerto como tal) en la que se fijó la organización de la Vuelta a España para disputar un final de etapa en el Valle del Sabero, un enclave leonés de una belleza cautivadora. La ascensión total no tiene más de seis kilómetros, concentrándose toda la dureza en los tres finales, pero las rampas mantenidas, con pendientes cercanas al 20% de inclinación, y un asfalto (por llamarlo de alguna manera) que parece lija de grano grueso, impiden que puedas mantener un golpe de pedal continuo, viéndote en la necesidad de tener que arrancar como desde cero en cada pedalada.

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4 La Cruz de San Andrés hasta Ayacata

Gran Canaria esconde las que posiblemente sean las mejores ascensiones para los enamorados de las etapas de montaña, con cimas a las que se accede tras superar más de 2.000 metros de desnivel. De la infinidad de puertos que se pueden subir en esta isla, el que comunica la localidad de Puerto Mogán con la pedanía de Ayacata es de los que mejor paisaje ofrecen, recorriendo profundos barrancos entre laderas volcánicas. El entorno es muy bucólico, las panorámicas desde la cumbre son increíbles pero, si realizamos la ascensión completa, habremos recorrido un tramo de 29 kilómetros sin poder conseguir ni una gota de agua potable, todo esto en un entorno soleado y con temperaturas medias superiores a los 20 grados centígrados.

La Farrapona

5 La Farrapona

Este es otro de los descubrimientos de La Vuelta Ciclista a España en el año 2011 para los amantes de las cumbres. Este puerto, situado junto al conjunto de los lagos de Saliencia, en la comarca natural de Somiedo, era una antigua pista forestal que comunicaba las provincias de Asturias y León, entre las localidades de Pola de Somiedo y Santo Emiliano. En la actualidad sólo esta asfaltada la vertiente asturiana, hasta el collado conocido como la Farrapona. Sobre el papel no es una ascensión demasiado exigente, pero se suele ascender tras el encadenamiento de otros puertos, como Somiedo o San Lorenzo.

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6 Pico de las Nieves

Técnicamente puede ser uno de los puertos más duros de España, por no decir que el que más. Al ascenderlo desde la línea de la costa, en la localidad del Carrizal, se llega a la cumbre 29 kilómetros después, habiendo ascendido unos 2.100 metros de desnivel acumulados (la cima está a 1.960 metros, pero hay que descender a la Caldera de los Marteles en el tercio final del puerto y recuperar los metros perdidos). La primera vez que lo ascendí no daba crédito a las cifras que leía en la pantalla del altímetro: hasta el 24% de inclinación en el tramo conocido como la Loma de la Morisca, junto a la localidad de La Pasadilla. Es un puerto largo, duro, exigente… lo tiene todo.

Port de Bales

7 Port de Balés

Es uno de los puertos menos conocidos del Pirineo Francés, ya que se lleva disputando en el Tour de Francia desde hace poco más de una década, pero ingredientes no le faltan para machacar las piernas de cualquier ciclista experimentado. Aunque se puede ascender desde Bagneres de Luchon, la vertiente más utilizada es la de Mauleón (norte) donde las rampas, de hasta el 15% de pendiente, se suceden a lo largo de los cerca de 20 kilómetros por los que se prolonga este collado. Lo peor suele suceder al terminar el puerto: hay que continuar encadenando otros puertos, como el cercano Peyresourde, el Col de Mente o el de Aspet.

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8 Coll de la Gallina

Hace poco más de una década el gobierno del Principado de Andorra apostó fuerte por las carreras ciclistas, consiguiendo que muchas etapas del Tour de Francia, la Vuelta a España o la Volta a Catalunya se disputasen en el país de los Pirineos. Yo había medido años atrás los clásicos puertos andorranos: Arcalis, Pal y Envalira, donde ya se habían disputado infinidad de etapas en competiciones ciclistas, pero en la tarde que, con un exceso de optimismo por mi parte, se me ocurrió subir al Coll de la Gallina dando pedales, recordé que a ningún puerto de montaña hay que perderle el respeto y sufrí como un cafre, pensando que se me iban a romper las bielas al intentar superar muros que, en ocasiones, se acercaban al 20% de inclinación. Al sacar los datos de la medición me encontré con la cruda realidad: altitud, 1.910 metros, distancia, 11,9 kilómetros, desnivel acumulado, 982 metros y porcentaje medio en todo el puerto, 8.3 %. ¿Hacen falta más argumentos para calificarlo de puerto duro?

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9 Tourmalet

Hay quien dice que para sacarse el carnet de ciclista hay que haber subido este puerto al menos una vez en la vida: es la cumbre que más veces se ha ascendido en los más de 100 años que tiene el Tour de Francia (más de 80 veces en ese lapso de tiempo). Cualquiera de sus dos vertientes (La Mongie o Luz St. Sauvier) es análoga en dureza, por lo que no tiene mucho sentido buscar la más fácil para visitarlo de novato. La primera vez que lo ascendí, hace tres décadas, me contagie de optimismo, por lo bien que se me había dado la subida al Col de Aspín, puerto que recorrí previamente en la misma jornada: al salir de la localidad de La Mongie, cuando todavía quedaban 4 kilómetros hasta la cima, con una pendiente media superior al 9%, sentí que las piernas se habían vaciado y lo que deberían haber sido unos kilómetros de júbilo se convirtieron en una penitencia.

Velefique

10 Velefique

Cometemos un grave error cuando asignamos los puertos de gran dureza en nuestro país sólo a los ubicados en cadenas montañosas como los Pirineos, los Picos de Europa o Sierra Nevada, ya que hay muchas otras cordilleras donde las subidas son de lo más exigente. Coincidiendo con la disputa de una etapa de la Vuelta a España, con final en la sierra del Calar Alto de Almería, tuve la necesidad de hacer la medición de Velefique: años después me enteré que en ambientes ciclistas y moteros se le denominaba el Stelvio andaluz. He subido tres veces el Stelvio italiano, y os prometo que no lo pasé tan mal como la primera vez que subí en bici a Velefique. No tuve la prudencia de llevar suficiente bebida, y se me olvidó el detalle de que este puerto, de 15 kilómetros de longitud, está en el Desierto de Tabernas. Creo que no hacen falta más datos.

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