Tercera etapa: en barco a Civitavecchia

Aunque te ahorras muchos kilómetros de autopista, peajes, hoteles, gasolina… Para los espíritus moteros ir 23 horas encerrado en un barco es algo que no resulta muy seductor. Pero, como la aventura está por encima de todo, siempre encuentras algo que hacer mientras esperas a que todo ese líquido azul que te rodea desde que saliste de Barcelona hasta que llegas a Civitavecchia desaparezca.

Marco, un estudiante de ingeniería italiano que está entre París y Barcelona terminando su doctorado, ha sido adoptado por nosotros durante la travesía. Un par de grupos de moteros italianos nos han dado charla durante todo el trayecto, contándonos las excelencias de la geografía española que han descubierto. Los preparativos para desayunar comer y cenar, de manera furtiva, utilizando nuestra comida en los salones del barco…

Estrecho de Bonifacio, entre Córcega y Cerdeña

La verdad es que se nos ha pasado rápido. Hemos desembarcado a la 20:00 en Civitavecchia. Todo perfecto. En 10 minutos hemos llegado al B&B que había reservado Yola en febrero: la única reserva que teníamos hecha fuera de España en este viaje. Ducha, hacer la colada, ponernos los pantalones de flores (esto merecerá un capítulo aparte, bien documentado) y acudir a la tratoría La Babbiona (que estaba a 1,5 km según la dueña del B&B) ha sido todo muy rápido. Por cierto: la tratoría estaba a más de 3 kilómetros y hemos ido caminando.

Rigatone al fungi, en la tratoría La Babbiona

Hay cosas que nunca te sucederán si no sales de tu espacio de confort. Tras llegar casi a las 10 de la noche al restaurante, hemos preguntado por la posibilidad de pedir un taxi para regresar al alojamiento una vez hubiéramos cenado. No parecía sencillo y nuestro nivel de italiano no conseguía entender bien lo que nos querían decir. El resto que os voy a relatar es literal: al terminar de cenar, el dueño del restaurante, ha cogido las llaves de su coche y nos ha llevado hasta el B&B sin cobrarnos nada y con una sonrisa sincera.

La Babbiona, un lugar para volver

Hay cosas impagables: esta es una de ellas. Por cierto, si aterrizáis alguna vez en Civitavecchia no dejéis de vistar La Babbiona, se come de escándalo, por un precio más que razonable y el trato es de lo más familiar. Regresaremos.

Etapa 3: Ferry Barcelona – Civitavecchia.

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