Décima etapa: muy al este

Además de entrenarte un poco antes de hacer un viaje en moto para soportar mejor las etapas largas (caminatas diarias de 3 o 4 horas a paso rápido es lo ideal), tenemos la costumbre de caminar cada tarde o noche, una vez organizado todo en el alojamiento, al menos una hora. Es la mejor manera de soltar las piernas y activar todas las articulaciones que en la moto han estado contraídas.

Anoche paseamos recorriendo las calles más pintorescas de Veliko Tarnovo y, al regresar al hotel, encontramos una terraza desde la que se veía la fortaleza de la ciudad iluminada. Al cambio de moneda, por muy lujoso que pueda parecer un restaurante, con nuestros “todopoderosos” euros podemos pagarnos una buena cena en un lugar típico, y así lo hicimos, terminando nuestra jornada en ese privilegiado balcón de la ciudad.

Muralla de Veliko Tarnovo iluminada

Tras un desayuno completo en el hotel y unas compras de última hora en la ciudad, hemos salido para completar la ruta del día. Para enlazar nuestro próximo destino, la ciudad fronteriza de Calarasi, con Veliko Tarnovo hemos recurrido a las carreteras nacionales. Hasta las 12 del medio día (aquí el uso horario es de una hora más) se rueda con cierta comodidad pero, a partir de esa hora, el calor aprieta fuerte y los kilómetros se hacen pesados.

Al llegar a la ciudad de Silistra, donde se encuentra la frontera de Rumanía, el termómetro pasaba de los 36 grados y el trámite de atravesar la frontera nos ha llevado más de una hora. ¿Cómo es posible tener que soportar este calvario en el tercer milenio entre dos países comunitarios? Y todo para mirarnos los papeles de la moto y nuestros pasaportes: podríamos haber pasado cada uno varios kilos de uranio enriquecido en las maletas de la moto sin despertar el más mínimo interés de los agentes de aduanas.

Impertinente aduana búlgara

Al atravesar la línea divisoria entre estos dos países nos hemos dado de cara con el gran Danubio. En ese punto hemos esperado una barcaza que, por el moderado precio de 2 euros, nos ha cruzado con las motos hasta la orilla rumana.

Cuando la barcaza ha abandonado el muelle, nos hemos percatado de que las motos estaban a pocos centímetros del borde de la nave y que, incluso, la plataforma de carga de alguno de los camiones que nos acompañaba caía directamente sobre el río. Ni cinchas, ni anclajes de ningún tipo para los vehículos. Evidentemente la percepción de seguridad es muy distinta en diferentes países.

La seguridad en entredichoi

Entre la pérdida de tiempo en la frontera, el retraso del ferry y los atascos de las carreteras rumanas, hemos decidido acortar la etapa prevista y hemos dado con nuestros cansados huesos en la indiferente ciudad de Slobozia, desde donde mañana intentaremos ir hasta el Delta del Danubio, que todavía está a unos 250 kilómetros de nuestro improvisado alojamiento.

Etapa 10: Veliko Tarnovo – Ruse – Silistra – Călărași – Slobozia.

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