Duodécima etapa: el paso del Ecuador

Ahora mismo se nos ha perdido en la memoria el día en el que empezó este viaje, incluso, cuando hablamos recordando algún momento concreto o una anécdota, nos referimos a ello como si hubiera sucedido hace mucho tiempo. Han pasado 12 días y ya ha transcurrido la mitad de nuestra aventura: estamos en tiempo de descuento.

Nosotros estamos cansados, el calor está siendo nuestro peor enemigo, ya que circulamos más de ocho horas al día con una temperatura media superior a los 34°, las motos están llenas de polvo y churretes, la ropa de conducir está sucia, tenemos el cuerpo lleno de picaduras de los mosquitos albanos, macedonios, búlgaros, rumanos… Pero el viaje continua y cada noche, después de cenar, pasamos un rato largo mirando los mapas con ilusión para configurar la etapa de la siguiente jornada.

Tras la cena llega el momento de hacer los planes del día siguiente

Abandonamos las calles de Galati con un cambio de planes total: en lugar de ascender hacia el norte de Rumanía, hemos girado al este y nos hemos metido de lleno en Moldavia. Lo mejor ha sido conocer un país nuevo, humilde, detenido en el tiempo de hace un par de décadas, limpio, con poco tráfico y carreteras plagadas de baches. Lo peor ha sido tener que atravesar una frontera “dura”, de más de media hora parados, con policías muy serios, obligándonos a abrir el baúl de la moto a los tres y mirándonos el número de bastidor de las motos. Los que me seguís ya sabéis lo que pienso acerca de las aduanas del tercer milenio.

Aduana de Moldavia, una frontera especialmente severa

Y de postre Moldavia

Aunque no estaba en nuestros planes y el Delta del Danubio sería nuestro punto de regreso hacia España, la cercanía de la frontera de la República de Moldavia con Galați, donde habíamos pernoctado, nos llamaba poderosamente la atención. Íbamos bien de tiempo y decidimos movernos algunos kilómetros por las carreteras de ese país.

Junto con Albania, la República de Moldavia es el país más pobre de Europa (nunca entenderemos a qué se refiere ese calificativo), algo que queda patente al utilizar cualquiera de sus carreteras. Nuestro recorrido atravesaría la práctica totalidad del Parque Natural de Lunca Joasă que, a nuestro juicio, poco tenía que envidiar al del Delta del Danubio (pero carece de su marketing) y el curso del río Prut, el segundo más importante del país. Infraestructuras mínimas, ciudades muy pequeñas y casi unidas entre sí, gentes austeras y amables, carreteras heridas de muerte… así es Moldavia.

Parque Natural de Luanca Joasa

No queremos ser injustos, nuestra visita a esta república fue breve y pecaríamos de fanfarrones si emitiéramos un juicio que pudiera condicionar a alguien. Lo que sí tenemos claro es que nos gustaría regresar para dedicarle varios días a este peculiar país: lo que vimos, nos gustó.

Moldavia, un país detenido hace dos décadas

De Moldavia hemos salido a medio día, una vez visitado el P.N. de Lunca Joasa, aprovechando la hora de comer (es cuando menos coches hay) para avanzar unos cuantos kilómetros, a buen ritmo, por carreteras fantásticas y haciendo camino para subir mañana más al norte de lo previsto.

Hemos terminado el día en una pensión a las afueras de la localidad de Pietra Neamt, cerca de un área comercial donde hemos aprovechado para comprar comida y rellenar las cuatro neveras que llevamos en las motos con comida para los próximos días. Las últimas comidas (y las próximas) la hacemos por nuestros propios medios para rebajar el presupuesto diario.

*Nota sobre el tráfico en Rumanía: no es la primera vez que vistamos este país, pero desde hace dos años que estuvimos no han cambiado muchas cosas. Por lo general los rumanos conducen de manera ordenada y con buenas maneras, pero hay un porcentaje preocupante que hacen de la carretera una especie de pantalla de vídeo juego, creando situaciones de peligro innecesarias y obligándonos a elevar el grado de atención sobre la carretera: esto produce tensión y estrés innecesario. Si decidís vistar este país tenedlo muy en cuenta para no llevaros sorpresas desagradables.

Etapa 12: Galați – frontera Moldavia – Giurgiulești – Cahul – Cavadonești – Adjudu Vechi  – Piatra Neamț.

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