Bicicletas gravel ¿moda o la vuelta al pasado?

En un universo de bicicletas en el que cada vez resulta más complicado elegir la que más se adapte a nuestras necesidades, llega un tipo que parece servir para todo… pero que no es específico para ningún tipo de uso concreto.

Parece una bici de carretera, pero su geometría dista mucho de la de las ruedas finas. Se puede asemejar a una bicicleta de ciclocross, pero no tiene un carácter tan deportivo. Aparenta poder circular por caminos y pistas de montaña, aunque ese manillar de “cuernos doblados” causa rechazo entre los más puristas del mountain bike: entre modelos de cross country, doble suspensión, fat whells, Xcross, carretera… aparece otro nuevo formato que despierta una cierta confusión.

Los años 30, Tour de Francia

Si queremos ser justos con la historia de la bicicleta, debemos ignorar que se trata de un vehículo de uso deportivo: olvidando los modelos de propulsión por arrastre de pies de finales del siglo XVIII, podríamos situarnos sobre 1850 cuando ya se utilizaban bicicletas impulsadas por pedales y cadena de transmisión. En aquel momento la bicicleta fue toda una revolución social, un vehículo económico que permitía todo tipo de desplazamientos por carreteras todavía sin pavimentar o en condiciones lamentables (empedrado…). La prioridad de aquellas bicicletas era la resistencia, porque también se utilizaban para transportar cargas por aquellos caminos.

Ruedas gordas, manillar de cuernos… ¿una gravel en el Tour de Francia? (Foto: Wikipedia)

Ya en la primera década del siglo 20 la bicicleta se comenzó a utilizar como vehículo deportivo, pudiendo disfrutar de las primeras carreras importantes, como es el caso del Tour de Francia (1903).

El camino inverso

Aquellas bicicletas de ruedas gruesas, cuadros robustos y mecánica elemental eran capaces de disputar etapas de hasta 300 kilómetros y, a los pocos años, cuando se comenzó a disputar el Gran Premio de la Montaña, se veían ascender por las rampas de tierra de puertos tan míticos como el Balón de Alsacia o el Tourmalet.

Con el paso de los años pero, sobre todo, con la urbanización de las grandes vías de comunicación y la aparición del asfalto, ya no era necesario disponer de bicicletas tan pesadas y robustas, aligerándose al máximo y dotándolas de neumáticos muy estrechos, en busca de reducir al máximo el rozamiento con la carretera.

Subida al Col du Tourmalet sin asfaltar (Foto: Wikipedia)

Así que nos encontramos con una bicicleta para todo uso, con manillar de cuernos doblados, que circulaba por cualquier tipo de camino y que se llegaba a utilizar hasta para competir en el Tour de Francia. Aquellas bicicletas eran las auténticas gravel.

1975, California

Transformando una bicicleta de paseo playero Gary Fisher y Joe Breeze construyen una máquina capaz de descender muy rápido por los caminos de tierra del Monte Tamalpais. En 1981 Mike Sinyard (el actual CEO de Specialized) produce en serie la Stumpjumper, la primera bicicleta de montaña que reúne las características de lo que hoy conocemos como bicicletas para practicar esa especialidad del ciclismo.

John Tomac, la leyenda (Foto: mountainbike.es)

De manera fugaz nos encontramos con un extenso calendario de carreras del nuevo “mountain bike”, donde veíamos avanzar la tecnología a gran velocidad. Uno de los mitos mundiales, el célebre John Tomac, decide eliminar en manillar plano de su bicicleta de competición e instalar uno de carretera, logrando éxitos deportivos muy importantes con ese “engendro” de bicicleta que enfadaba mucho a los más puristas.

¡Quiero una bici!

Para los que no me conozcáis hago un breve resumen. Comencé a escribir sobre bicicleta de montaña a mediados de los años 80, con mis compañeros Julio Vicioso y Juanma Montero. Publiqué 17 libros, entre rutas, técnica, mecánica… y dejé todo para dedicarme al periodismo deportivo. En los más de 30 años que me he ganado con vida con esto, he probado todo tipo de bicicletas, durante los últimos 20 años mayoritariamente de carretera y, habiendo terminado ya mi etapa laboral, he decidido comprar una bicicleta para divertirme y utilizarla para todo en mi pre y post jubilación. Ya no me preocupa la velocidad, ni las cifras del pulsómetro, ni los vatios desarrollados en cada pedalada: sólo monto en bicicleta para disfrutar.

¿Bici para todo?

Y mi decisión ha sido regresar a los orígenes: comprar una bicicleta que sirva para todo y que disponga de la mecánica más elemental. Dicho y hecho: ahora sólo pedaleo en una gravel, monoplato, sin avances tecnológicos estridentes, pero muy eficaz.

¿Renunciar a los avances?

El simplificar la mecánica y la utilización de una bicicleta austera no implica de forma obligatoria tener que renunciar a un cierto grado de tecnología. La bicicleta que utilizo, una Orbea Terra con grupo Shimano GRX, está confeccionada con un cuadro de fibra de carbono, frenos de disco y sistema de embrague en el cambio trasero para evitar latigazos de la cadena en los descensos.

Menos de 8,6 kilos, sin pedales, es un peso muy ajustado para una gravel

Pesa menos de 9 kilos (talla S) y dispone de una geometría personal: 103 cm de distancia entre ejes (más larga que una bici de carretera pero más corta que una MTB), 43 cm de vainas traseras (como una MTB), 70,5º de ángulo de dirección y con la caja de pedalier más baja (28,3 cm) que una bici de montaña, lo que la beneficia al rodar a gran velocidad por asfalto (bajando un puerto, por ejemplo), aunque si te metes por trialeras abruptas (grave error con esta bicicleta) el plato estará más cerca de pegar contra una piedra que en una MTB de pura raza.

¿Y esto cómo funciona?

La primera sensación al pedalear en una gravel, si vienes del mundo de la carretera, es el de una máquina muy robusta que, al rodar por asfalto no se ve afectada por las irregularidades del terreno y que te ofrece un plus de seguridad cuando bajas rápido un puerto, sensación a la que colaboran los frenos de disco.

Al meterte por pistas de tierra o senderos fáciles, dispones de más reactividad de la que tiene una bicicleta de montaña: es más corta, no tiene suspensiones que filtren nada y la postura de conducción es algo más agresiva.

Hay dos preguntas que siempre me hacen con los que coincido pedaleando: los “mountainbiker” se interesan por su comportamiento en las trialeras y los “carreteros” quieren saber si las cubiertas de 40 mm de anchura penalizan mucho al rodar rápido.

No hay suspensiones ni ayudas para los tramos complicados

Pues las dudas están fundadas: en las trialeras se necesita mucha pericia del ciclista para ir rápido y resolver pasos complicados (no hay suspensiones que ayuden) y en carretera necesitas meter mucha presión a las ruedas para evitar que el rozamiento por rodadura nos exija más energía durante el pedaleo. Subiendo puertos asfaltados apenas se nota (hasta 15 km/h no hay prácticamente diferencia), pero cuando se trata de rodar “a bloque” por grandes llanos nos costará más trabajo mantener velocidades de crucero altas.

Si asumes estas limitaciones, una gravel es tu bicicleta perfecta.

Ascendiendo puertos se comporta como una bici de carretera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: