Ascensión a las Torres de la Pedriza

El concepto de “alta montaña” es bastante difuso, aunque engloba las dificultades que nos proporciona el itinerario cuando nuestra ruta pierde el plano horizontal y debemos utilizar algo más que los pies para progresar por el camino. A tan solo 45 kilómetros de la Puerta del Sol, en Madrid, podemos disfrutar del paisaje más radical de la alta montaña si lo que pretendemos es adentrarnos en el laberinto de riscos y gargantas que nos ofrecen la intrincada orografía de La Pedriza.

La Alta Ruta

Aunque no la hemos realizado completa en esta ocasión, (en este enlace está la ruta completa) sí hemos seguido los pasos de la denominada Senda Termes, hasta llegar a la base de Las Torres que, despuntado a 2.023 metros de altitud, son la cumbre de este enclave tan peculiar, conocido como la Pedriza del Manzanares.

La ruta comienza en los merenderos de Canto Cochino, desde donde cruzamos el río Manzanares para dirigirnos hacia el Collado del Cabrón por la ladera inferior del risco del Cáliz. Una vez en el collado se abandona la senda ancha por la que hemos accedido hasta este paso de montaña para continuar por un sendero escarpado que pronto nos hará ayudarnos de las manos para superar los canchales que encontraremos bloqueándonos el camino.

La Pedriza interior

Cuando nuestro sendero atraviesa un frondoso robledal y la pendiente se acentúa hasta límites incómodos, aparece a nuestra izquierda la gran masa rocosa del risco del Pajarito: la bordeamos para enriscarnos por el callejón formado bajo el pico de La Vela y ascendemos por una irregular escalera de piedra hasta desembocar en el Jardín de la Campaña (pared de nuestra derecha). En su día, antes de que los irresponsables dirigentes del extinto ICONA repoblasen de manera descontrolada (y con especies foráneas) estas montañas: este era uno de los rincones más bellos de la Pedriza y hoy es un cementerio de coníferas muy deterioradas y, en su gran mayoría, derribadas. Es el precio que nos hace pagar la naturaleza por introducir, sin criterio alguno, especies vegetales que nunca se adaptarán a un entorno tan hostil como este.

Callejón de la Vela

Las Milaneras

Salimos del Jardín de la Campana ascendiendo hacia el norte por un corredor rocoso que nos deposita en el amplio collado de la Romera, desde donde giramos ligeramente a nuestra derecha y descendemos unos metros para bordear, atravesando un bosque, un pequeño macizo rocoso. Hay que ir muy atentos a las señales del PR (circuito de pequeño recorrido, marcas horizontales blancas y amarillas).

Los árboles se terminan y nos metemos de lleno en una gran pared de roca. Ahora debemos dar pasos de escalada fáciles, pero bastante verticales, para superar el canchal que tenemos delante. Incluso encontraremos algunos pasos equipados (con bastante mal criterio) con chapas y cadenas, aunque son innecesarios para ascender por los diedros y chimeneas que se encuentran en medio del camino: estamos atravesando la cresta de as Milaneras.

La ruta presenta varios pasos complejos de superar

Tres Cestos

Una vez superado el último paso de roca (actualmente equipado con una cadena) desembocamos en un paso natural entre la cresta de las Milaneras, presidido por el elegante rosco de Tres Cestos. Es el momento de atravesar este macizo montañoso hacia el norte y continuar el itinerario (bien señalizado) por la vertiente que nos asoma al curso alto del Arroyo de los Gavilanes que, con sus estrepitosas cascadas, es uno de los principales afluentes del río Manzanares.

Tres Cestos

Continuamos un par de kilómetros caminando casi en horizontal hasta que el sendero gira a la derecha y vuelve a ascender por una ladera con grandes placas de granito y escasa vegetación: enseguida desembocaremos en el Collado de Carabina o también llamado del Miradero.

Collado Carabina o del Miradero

El regreso

La panorámica desde el Collado Carabina es sencillamente espectacular. El paisaje cambia completamente a nuestro alrededor y la vista más cercana se llena de grandes agujas de roca verticales que nos anuncian que hemos llegado a Las Torres. A nuestra izquierda veremos los canalizos de la primera Torre y a la derecha las últimas estribaciones de las Milaneras, con el gran risco de Cancho Centeno presidiendo este gran muro de roca.

Ahora descenderemos por un incómodo terraplén, plagado de piedra suelta y bastante vertical, hasta adentrarnos en el tupido bosque (otro regalo de ICONA en la década de los 70) por el que discurre nuestro sendero. Hay que extremar la precaución para no abandonar este camino, sobre todo en la parte inferior al llegar a Los Llanillos, porque hay muchos ramales que lo atraviesan y que acaban muriendo en lugares sin salida. A falta de señales de pintura del PR (blanco y amarillo), iremos atentos a los hitos de piedra que nos marcarán la dirección correcta.

Al llegar a Los Llanillos, atravesamos el arroyo del Puente de los Poyos y desembocamos en un cruce de cuatro caminos: continuaremos de frente por otro sendero perfectamente marcado, por el que descenderemos hasta la base del risco del Pájaro, donde nos uniremos a la gran senda conocida como la “Autopista de la Pedriza”, por la que regresaremos a Canto Cochino.

El recorrido es de unos 12 kilómetros, muy exigente y con un nivel técnico solo apropiado para senderistas acostumbrados a la alta montaña.

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