Al Cabo de San Vicente en moto

El no poder haber realizado un viaje de varias semanas este verano nos ha causado a muchos una especie de “ansiedad motera” que solo se cura haciendo kilómetros.

Sin hacer demasiados planes, sin tener una fecha fija, sin haber mirado un destino concreto… Durante agosto hablamos con Chichu y Yola, el otro 50% de nuestras aventuras “descerebradas”, y acordamos escaparnos unos cuantos días de viaje. Surgió del consenso y la imaginación: Portugal.

No sabemos cómo discurrirá el viaje, las previsiones meteorológicas nos preocupan porque entra una depresión fuerte en breve que barrerá toda la península, en Portugal entra un pseudo confinamiento por el COVID-19 en todo el país el día 15 de septiembre (estábamos a 13 de septiembre)… Pero la intención es entrar en el país luso por Galicia y abandonarlo por Huelva, sin utilizar autopistas, atravesando todos los parques naturales (al menos 5) del país vecino y visitando todos los rincones interesantes que estén cerca de nuestro itinerario que dicho sea de paso, aún no existe.

ETAPA 1

Hemos salido de Madrid por el Puerto de Guadarrama, desde ahí continuamos por carreteras secundarias hasta Olmedo, Tordesillas y… nos ha llamado la atención en monasterio de la Santa Espina donde hemos parado para visitarlo (hay una reliquia pretendidamente correspondiente a la corona de Cristo).

Lugar espectacular, no dejéis de visitarlo si podéis; además, las carreteras que recorren los Montes Torozos son fantásticas para rodar en moto.

Preguntando hemos conseguido alojamiento encima de un bar y aquí pasaremos la noche.

Aquí empieza otra aventura.

Recorrido 13 septiembre 2020

Madrid – Guadarrama – Alto del León – San Rafael – Villacastín – Olmedo – Matapozuelos – Serrada – Tordesillas – Torrelobatón – La Santa Espina (Visita Monasterio Santa Espina).

ETAPA 2

Amanece en el pueblo de La Santa Espina preocupados por el amenazante cielo que hemos descubierto al levantar la cabeza: parecía que las peores previsiones se estaban cumpliendo.

Tras un desayuno ligero que hemos tomado en el bar del alojamiento (el Rincón del Labrador, muy recomendable) hemos emprendido ruta con la idea de llegar a Verín desde donde pasaríamos la frontera. Evitando las carreteras nacionales y autopistas nos hemos dirigido hacia Urueña (la Villa del Libro, imprescindible conocer su magistral arquitectura) y, tras visitarlo, hemos continuado hacia las lagunas de Villafáfila: uno de esos lugares donde lo agreste alcanza la máxima belleza.

Villafáfila

No es un paraje fácil de entender para los turistas de biblioteca y es necesario comprender lo que supone un humedal para los páramos de esta superficie mesetaria.

Muralla de Urueña

Ha comenzado a llover, de manera débil, pero el horizonte dibujaba cortinas grises por donde deberíamos atravesar. En pocos minutos hemos cambiado de ruta y, en lugar de atravesar la Puebla de Sanabria hasta la frontera de Feces de Abaixo, nos hemos decantado por cruzar por la minúscula frontera de Ríomanzanas en el extremo noreste de Portugal.

Plaza de Tábara

En pocos kilómetros ha empezado a lucir el sol y, aunque el viento de levante ha cobrado intensidad, estábamos a salvo de la lluvia.

Frontera de Riomanzanas

Siguiendo el curso del río Manzanas, casi fronterizo con España, hemos llegado hasta la ciudad medieval de Mogadouro, donde hemos encontrado alojamiento en una especie de chalet particular situado a unos 2 kilómetros del centro del pueblo.

Al poco de habernos establecido, ha comenzado a tronar, el agua ha hecho acto de presencia y el paisaje montañoso que rodea a Mogadouro ha engrandecido aún más.

A última hora de la tarde hemos ido caminando hasta un supermercado, donde hemos comprado todas las viandas con las que hemos preparado una cena de lujo que hemos degustado en la terraza de una de nuestras habitaciones, con vistas a las montañas y a la torre del castillo de Mogadouro.

Castillo de Mogadouro

Las motos, cargadas hasta arriba, se han comportado a la perfección, hemos disfrutado como enanos por las carreteras de curvas que atraviesan los miles de barrancos y vaguadas del noroeste de Portugal e incluso hemos tenido sesión de off-road entrando en las lagunas de Villafáfila por una pista ignota que no aparecía en los mapas.

Eso no ha hecho nada más que empezar.

14 septiembre 2020

La Santa Espina – Urueña – Villalpando – Villafáfila – Tábara – Riofrío de Aliste – Las Torres de Aliste – Mahíde – Riomanzanas – Deilão – Río Frío – Outeiro – Carcão – Vimioso – Mogadouro.

ETAPA 3

Hay recuerdos moteros que permanecen en la memoria de cada uno de nosotros para siempre. Hoy es 15 de septiembre, temperatura media 23 grados, el cielo con más sol que nubes, viento suave sin ráfagas molestas, tráfico nulo… y un recorrido por miles de curvas que parecían increíbles de imaginar antes de arrancar la moto. Ha sido el día perfecto y a ninguno de los cuatro se nos va a olvidar está jornada jamás.

Raquel se pasó unas cuantas horas anoche seleccionando el recorrido y ha merecido la pena el tiempo empleado en este trazado. Han sido 250 kilómetros de lo más aprovechado: los repetiremos, sin duda.

Hemos salido temprano de Mogadouro, el termómetro no pasaba de 21 grados, pero el sol hacía reconfortante la marcha. Ya estamos en modo “viaje” y, aunque vamos conectados con bluetooth, hay infinidad de gestos que ejecutamos de manera automática. Dónde parar para hacer fotos, cómo dejar las motos en las cunetas para volver a la calzada sin que se nos vayan al suelo, en qué momento buscar un bar para tomar un refrigerio, cómo adelantar a un camión en carreteras estrechas y curvadas para que las tres motos quepan en el mínimo espacio de la calzada, qué comprar en las tiendas para hacer la comida de los cuatro… Todos conocemos los gustos y rarezas de los otros y no es necesario comentar todos estos aspectos. Llevamos miles de kilómetros juntos y nos conocemos perfectamente.

Valle del Duero

Una parte importante de la ruta ha discurrido por la margen derecha del Duero (aguas abajo), por una carretera de curvas de ensueño, con un paisaje circundante plagado de viñas y olivos. En Celorico ha desaparecido el río, dando paso a las monumentales cumbres de la Serra da Estrela en el horizonte.

Hemos parado en Seia para hacer la compra y repostar gasolina (hemos conseguido la súper de 95 a 1,40€: lo más barato que hemos visto en este país) antes de iniciar la subida hasta el punto más elevado de Portugal: el Monte Torre, con 1993 metros de altitud, es también la cima de la Serra da Estrela y el plató superior de una estación de esquí (de dudosa utilidad) que otorga un cierto ambiente alpino a este pintoresco lugar.

Un martes de mediados de septiembre es un buen día para visitar estos parajes, porque los fines de semana y periodos vacacionales esto parece un parque de atracciones. Hemos hecho muchas tomas de vídeo de este itinerario que podréis ver durante las próximas semanas.

Serra da Estrela

En pleno descenso del Monte Torre hemos encontrado un rincón muy agradable junto a una virgen tallada en una pared de granito (Nuestra Señora de la Buena Estrella, guía y protectora de los pastores) donde hemos desplegado nuestra intendencia para comer.

Virgen de la Buena Estrella

Ya solo nos quedaba descender hasta Covilhã, donde hemos encontrado alojamiento en un hotel “sesentero” de elegante porte y rancio estilo, pero muy confortable.

15 septiembre 2020

Mogadouro – Castelo Branco – Fotos – Freixo de Espada à Cinta – Barca d’Alva – Escalhão – Figueira de Castelo Rodrigo – Pinhel – Vila Franca das Naves – Celorico da Beira – Seia – Sabugueiro – Torre (Estación esquí) – Covilhã.

ETAPA 4

Cuando no existía tanta información se viajaba más a gusto: no estábamos tan pendientes de la meteorología y, si se ponía a diluviar, sacábamos el traje de agua y continuábamos la ruta o nos metíamos en un hotel a descansar. Ahora miramos cada pocas horas Meteored, Acuweather, AEMET… (yo solo utilizo el radar de Wetterzentrale) y nos atemorizamos porque viene un DANA (la clásica Gota Fría de todos los finales de verano) o una Ciclogénesis Explosiva (o sea: el frío de coj*nes de toda la vida en invierno).

Ha amanecido cubierto, con mucha humedad en el ambiente y un horizonte plomizo que anunciaba lo que pasará en las próximas horas. Pero hemos ignorado esos indicios, decidiendo acelerar con el único objetivo de disfrutar al máximo de la ruta.

Hemos abandonado la localidad de Covilhã en dirección sur, no sin antes admirar los edificios monumentales decorados con azulejos (arquitectura clásica de esta ciudad) y disfrutando de las últimas rampas descendentes de la Serra da Estrela.

Alto da Serra do Sao Mamede

El atractivo del día, con incursión en la tierra y un berenjenal por pistas forestales sin firme, lo hemos vivido como consecuencia de la inquietud de Raquel por conocer el pico más alto de la Sierra de Mamede. Ha sido un pelín complicado, pero ha merecido la pena ver todo el Parque Natural homónimo a nuestros pies, desde una atalaya de más de 1.000 metros de altura.

A partir de aquí ha sido la antítesis de la jordana de ayer: pocas curvas, chaparrales y alcornocales (paisajes gemelos a los de la cercana Extremadura) y algo de calor al final de la etapa.

Plaza de la Republica Elvas

Sólo ha sido reseñable el paso del cauce del Tajo, por las Portas de Rodao, y la visita gastronómica que hemos realizado a la localidad de Elvas coincidiendo con la hora de la comida.

Una de bacalao

La ruta ha terminado en Reguengos de Montaraz, una localidad colonial que más parece un pueblo cubano que portugués, desde donde mañana intentaremos sortear la lluvia para llegar hasta la desembocadura del Guadiana.

16 septiembre 2020

Covilhã – Castelo Branco – Vila Velha de Ródão (Tajo) – Nisa – Alpalhão – Fortios – Portalegre – Alto da Serra de São Mamede (1.025 m) – Alegrete – Arronches – Elvas – Alandroal – Reguengos de Monsaraz.

ETAPA 5

Sin tener en cuenta lo que las peores previsiones meteorológicas anunciaban, a las 8:30 de la mañana ya estábamos en ruta, en dirección al sur de Portugal.

La rutina de cada día

Bajábamos por la vertiente derecha del Guadiana hasta que, al llegar a la localidad de Mértola, las nubes se han compactado y nos han caído algunas gotas de agua. En ese momento hemos cambiado la ruta, cruzando el río y pasando a España: la climatología ha mejorado y hasta Ayamonte no ha vuelto a llover.

Mértola

Ahora estamos pertrechados en un apartamento cercano a la localidad de Ayamonte, a la espera del paso de un frente de lluvias que, si todo transcurre según lo previsto, atravesará mañana el sur de Portugal y nos permitirá continuar el sábado la ruta hasta el Cabo de San Vicente: el otro “fin de la tierra”, en analogía a Finisterre, del sur de la península ibérica, donde acabará nuestro itinerario y comenzará otra historia.

Carreteras singulares

17 septiembre 2020

Reguengos de Monsaraz – Alqueva (Embalse Guadiana) – Moura – Pias – Serpa – Mina de São Domingos – Mértola (volvemos 9 km hacia atrás esquivando lluvia) – Pomarão – El Granado – Sanlúcar de Guadiana – San Silvestre de Guzmán – Villablanca – Ayamonte.

ETAPA 6

Antes de amanecer, cuando todavía el día no se iluminaba, ya se escuchaban truenos. No ha llegado a despuntar la mañana hasta pasadas las 10, cuando ya llovía de manera copiosa.

Perder un día completo, encerrados en el apartamento, en un viaje tan corto no entraba en nuestros planes, por lo que hemos improvisado un plan B: Ayamonte está a unos 9 kilómetros de nuestra residencia y, justo por delante de nuestra urbanización, pasa el Sendero de Gran Recorrido del Guadiana (GR-114).

Sendero GR 114

Si la vida te da limones… haz limonada“. El mal tiempo también puede formar parte de un viaje. Nos hemos calzado las zapatillas y un chubasquero y hemos atravesado parte de las Marismas del Guadiana, por una entretenida pista forestal, hasta llegar al puerto fluvial de Ayamonte.

Desembocadura del Guadiana en Ayamonte

Es una ciudad fácil de visitar, con una arquitectura muy agradable, típica de los pueblos blancos de Andalucía, que nos ha llevado hasta la hora de comer. Tabernas, pescadito frito, vino Barbadillo… y así se ha ido pasando el día.

Las motos

En los más de 1.300 kilómetros que llevamos recorridos, solo hemos tenido que hacer un engrasado de cadenas, y eso que la ruta ha sido bastante exigente, alternando carreteras de segundo orden con pistas polvorientas y algunos tramos de tierra. La mecánica no ha dado ninguna muestra de imprecisión… y eso que la moto de Chichu y la de Raquel ya están en la barrera de los 100.000 km. Cuidando la mecánica, haciendo todas las revisiones aconsejadas por el fabricante y conduciendo de manera racional, nuestras motos son interminables.

Cuidando las motos son eternas

A sabiendas de que llovería, hemos cubierto las piñas del manillar con papel plástico de cocina, para reducir al máximo el impacto que el agua pueda causar en alguno de los contactos eléctricos. Los que me habéis leído en viajes anteriores ya sabéis que es una práctica habitual que siempre llevamos a cabo.

ETAPA 7

Todo ha dado un giro importante: ha amanecido casi despejado y hemos decidido volver a pasar la frontera de Portugal para llegar hasta uno de los lugares más emblemáticos de toda la geografía europea.

Lo primero ha sido rellenar a tope los depósitos de gasolina, ya que en España cuesta casi un 20% menos que en el país vecino. Sin perder ni un minuto hemos cruzado el Guadiana, por el moderno puente atirantado (1991), y hemos decidido continuar por la carretera N125, que recorre el sur de Portugal de este a oeste. No se la recomiendo a nadie, sobre todo en fines de semana o periodos vacacionales, porque no tiene belleza alguna y atraviesa zonas hoteleras atestadas de tráfico. En este caso, y si tu intención es llegar al extremo oeste del país luso con alguna finalidad concreta, utiliza la carretera de peaje (9€) que, aunque va en contra de mis principios, te servirá para acortar este desplazamiento en más de un 50% y aprovechar ese tiempo en otra cosa más productiva que adelantar cientos de coches de turistas atolondrados en busca de un hotel o supermercado.

Llegada al Cabo de San Vicente

Una vez dejada atrás la localidad de Sagres, la misma que da nombre a una de las cervezas portuguesas más populares, el paisaje se abre, desaparecen las construcciones y veremos de frente el impresionante faro que nos anuncia que hemos llegado al extremo occidental inferior de la península Ibérica: el Cabo de San Vicente.

Faro de San Vicente

No existen palabras para definir la grandeza de este lugar. La naturaleza lo ha esculpido, dotándolo de una majestuosidad sin precedentes. El clima nos ha acompañado, apenas nos ha llovido a la altura de Faro y Portimao y, al llegar al cabo, hemos disfrutado de un cielo totalmente despejado y un viento en calma absoluta.

Cabo de San Vicente

Los cuatro sabíamos que aquí empezaba nuestro viaje de regreso, por lo que nos hemos desplazado hasta la localidad de Carrapateira, sin librarnos de una pista de tierra de unos 10 kilómetros de larga, para degustar el pescado de las costas portuguesas. A continuación, Raquel ha encadenado un sinfín de carreterillas escondidas, que nos han traído hasta la localidad de Almodovâr, situada en lo más profundo de la región del Alentejo.

Mañana volveremos a pasar la frontera y…

19 septiembre 2020

Ayamonte – Castro Marim – Vila Real de Santo Antonio – Altura – Tavira – Olhão – Lagos – Vila do Bispo – Sagres – Farol do Cabo de São Vicente – Aljezur – Monchique – São Marcos da Serra – Santana da Serra – Gomes Aires – Almodôvar.

ETAPA 8

Ya ha pasado una semana desde que iniciamos este pequeño viaje, los ánimos están intactos, las ganas de hacer más kilómetros y descubrir nuevos paisajes como el primer día, pero todo tiene un final.

Tanto Chichu y Yola, como Raquel y yo ya habíamos visitado la mayoría de las regiones, provincias, comarcas o municipios por donde hemos pasado, pero lo hemos hecho por otras carreteras, incluyendo más de una pista forestal (varias de tierra) o trazados de nueva construcción, por lo que ha sido como visitarlo por primera vez. Al menos siempre tenemos la posibilidad de verlo con otros ojos, para descubrir detalles, algunos esenciales, que se nos han podido pasar por alto en ocasiones anteriores.

Al terminar mañana este viaje habremos recorrido unos 2.500 kilómetros, muchos menos de los que solemos hacer en los recorridos de los últimos años, pero el entusiasmo y la ilusión con los que los hemos completado son los mismos.

Ha amanecido fresco en Almodovâr, en lo más profundo de la región del Alentejo, y los primeros kilómetros han sido muy confortables por las carreteras que nos han llevado hasta La frontera española de Paymogo.

Amanece en Portugal

Aunque no hubiéramos encontrado el cartel anunciando el cambio de país, la diferencia en la calidad del asfalto lo hubiera delatado; las infraestructuras en Portugal han mejorado mucho, pero, aunque ya no hay deficiencias en el asfaltado como pasaba hasta hace pocos años, todavía abundan las carreteras con firme muy irregular (sobre todo las que hemos elegido para huir de las rutas nacionales) que ponen a prueba de manera continua la suspensión de nuestras motos.

Nuestro primer destino ha sido Aracena, población a la que hemos llegado descorazonados tras recorrer decenas de kilómetros de bosque calcinados por el brutal incendio que sufrió esta sierra hace menos de un mes. Fue un incendio intencionado, con varios focos y provocado en días de viento fuerte: hay mentalidades del ser humano imposibles de comprender.

Sierra de Aracena quemada

Tras un almuerzo típico en la localidad de Aracena (epicentro de productos ibéricos) hemos continuado la marcha hasta Monesterio, por carreteras locales desconocidas para la mayoría, que nos han dejado muy buen sabor de boca a todos.

Regulando el hidráulico trasero

Hoy ha tocado otro engrase de cadena, yo he aprovechado para cerrar un poco el paso del hidráulico del amortiguador trasero (el amortiguador de serie rebota demasiado) y al comprobar los niveles de aceite… ¡Ninguna de las tres motos ha gastado nada!

Por cierto, el consumo medio de gasolina durante todo el viaje está en 4,6 litros para las VStrom 1000 (casi un litro menos para la BMW de Raquel).

20 septiembre 2020

Almodôvar – São João dos Caldeireiros – Mértola – Mina de São Domingos – Paymogo – Santa Bárbara de Casa – Cabezas Rubias – Cueva de la Mora – Santa Ana La Real – Alájar – Linares de la Sierra Aracena – Cañaveral de León – Arroyomolinos de León – Cabeza La Vaca – Calera de León – Monesterio.

ETAPA 9

Al final llegó el final (Joaquín Sabina)…

Despertamos en Monesterio, una población que, aparentemente, no tiene atractivo alguno, pero conseguimos encontrarlo paseando la tarde anterior por sus ordenadas calles y descubriendo un par de reductos gastronómicos (muy recomendable en Honky Tonk; cena de despedida de lujo). Queda demostrado que a veces es más importante la mirada que el objeto que observamos: en todos los lugares hay algo interesante que descubrir.

El termómetro de la moto marcaba 14 grados al arrancar en Monesterio, pero el sol enseguida caldeó la atmósfera.

Parque Nacional de Cabañeros

Por delante cerca de 500 kilómetros aparentemente aburridos, aunque las artes cartográficas de Raquel nos llevaron a atravesar lugares tan recomendables como Llerena, Castuera, el Pantano del Zújar, Puebla de Alcocer o la travesía por el Parque Nacional de Cabañeros, que recorrimos de oeste a este. Aunque no pisamos apenas carreteras nacionales conseguimos sacar medias que en las dos primeras horas, superaban los 90 km/h: no se trata de ir muy deprisa, si no de mantener un buen ritmo en todo momento.

La despedida llegó en Yepes, donde paramos a celebrar nuestra última comida juntos y nos despedimos hasta los próximos viajes, que no tardarán en llegar.

La despedida en Yepes

Ha sido un verano extraño, falto de sensaciones de libertad y plagado de temores. Nos ha dado miedo abrazar a nuestros mayores, besar a nuestros amigos, cruzarnos demasiado cerca con los vecinos… hasta le hemos llegado a tener miedo a nuestras manos que, de manera compulsiva, hemos lavado una y mil veces… pero la vida ha continuado y, adaptándonos al escenario que nos han permitido, hemos podido seguir disfrutando de nuestros viajes en moto. Menos extensos de lo que nos hubiera gustado, pero igual de emocionantes que los realizados a las tierras más lejanas.

Paul Éluard, el mayor representante del “dadaísmo” escribió en el siglo pasado “hay otros mundos, pero están en este”. Sólo tenemos que buscarlos para encontrarlos.

Un equipo de cuatro

Otros 2.500 kilómetros para sumar al contador de los viajes que realizamos con Chichu y Yola. Es como si llevásemos toda la vida viajando juntos y no necesitásemos organizar cada momento del viaje. Todo se resuelve con esa coordinación que surge del entendimiento y eso que ahora está tan de moda: la empatía.

Serra da Estrela entre los cuatro

Aunque nos une el amor por viajar en moto, compartimos muchas otras aficiones y gustos y, en cada destino, sabemos que terminaremos buscando esa reliquia arquitectónica escondida entre callejuelas, una terracita donde charlar frente a una cerveza y la cuneta donde parar para llenar los pulmones de oxígeno mientras contemplamos la grandeza de esa naturaleza a la que tanto amamos y respetamos.

21 septiembre 2020

Monesterio – Pallares – Llerena – Valencia de las Torres – Campillo de Llerena – Castuera – Puebla de Alcocer – Talarrubia – Villarta de los Montes – Bohonal de los Montes – Horcajo de los Montes – Retuerta de Bullaque – Marjaliza – Los Yébenes – Manzaneque – Mora – Huerta de Valdecarábanos – Yepes – Ciempozuelos – San Martín de la Vega – Madrid.

 

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