Alpes 2012

Un viaje entre amigos

Hay momentos en la vida que pueden ser más o menos convulsos y está en nuestra voluntad el convertirlos en útiles, edificantes y, sobre todo, enriquecedores.

Tanto por mi trabajo, como por afición, he visitado en infinidad de ocasiones los Alpes, en coche, en moto y en bici, hasta el punto de conocer muchos de los itinerarios más célebres sin necesitar ningún tipo de mapa o reseña para estar orientado. A sabiendas de esta aptitud, mi amigo y compañero de trabajo Marcos Blanco, probador de motos en la revista Motociclismo, donde presta sus servicios en el Centro Técnico, me propuso que sirviera de guía a él y a unos amigos para hacer un viaje relámpago a estas montañas.

Me encontraba recién divorciado, no voy a decir que apático, pero en plena fase de reorganizar mi vida, y esta propuesta me acababa de arreglar las vacaciones de 2012 de una manera sencilla. Se trataba de realizar un viaje rápido visitando los lugares más emblemáticos de Los Alpes, haciendo de guía a mis compañeros moteros que, aunque expertos conductores y con miles de kilómetros a sus espaldas, no conocían estas montañas.

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Así fue como una tarde de principios del verano de 2012 nos reunimos Marcos, Juan, Alberto y yo en torno a una mesa llena de mapas, listados de hoteles, referencias de puertos de montaña pero, sobre todo, de ilusiones. Al final decidimos no reservar ningún alojamiento, intentar visitar el mayor número de puertos de montaña posibles y todo ello en sólo seis días.

Formábamos un grupo bastante heterogéneo, pero la afición por viajar en moto serviría de catalizador para que el entendimiento fuera perfecto a lo largo de todo el viaje.

Las motos

Marcos estaba realizando una prueba de 50.000 kilómetros a una Honda NCX 700 que se acababa de poner a la venta, Alberto llevaría una Suzuki 1200 Bandit GSX, Juan una Honda CBF 600 y yo mi Suzuki VStrom 650 de cada día. Como no utilizamos autopistas, ni apenas vías rápidas, la diferencia de potencia entre estos modelos era irrelevante, incluso la pericia de Marcos a lomos de sus menos de 50 cv, hacía que nos costase trabajo seguirle en los puertos de montaña más enrevesados.

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En marcha

El día elegido quedamos a la hora de comer en un restaurante de la localidad oscense de Ainsa: yo estaba pasando unos días por el Pirineo y mis tres compañeros salieron en esa misma jornada de Madrid, por lo que ese punto de encuentro nos vendría bien a los cuatro. Tras la comida rodamos ligero hacia el túnel de Bielsa y llegamos a última hora de la tarde a la estación de esquí de Luz Ardiden, donde localizamos un apartamento que sería nuestro primer alojamiento del viaje.

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Durante la jornada siguiente debíamos recorrer el mayor número de kilómetros posibles, por lo que, después de circunvalar Toulouse, continuamos por la N88 con la que conseguiríamos llegar hasta la localidad pre alpina de Valence. Fue un final de verano muy caluroso, y nuestro mayor enemigo eran los cerca de 40 grados que marcaban los termómetros hasta bien entrada la noche.

Las montañas

Desde Valence atravesamos los Vercors, la primera cordillera alpina que cruzaríamos en nuestro camino, hasta llegar a Gap, desde donde nos dirigimos a Bourg d´Oisans, y ahí nos alojamos en el célebre hotel Oberland, tan rancio como pintoresco. La decisión de utilizar este alojamiento no fue casual: a primera hora de la mañana de la siguiente jornada ascendimos las 21 curvas del mítico Alpe d´Huez, que se encontraba a dos escasos kilómetros de nuestra morada para, con posterioridad, desplazarnos hasta Jausiers y ascender el col de la Bonete (la carretera asfaltada más alta de los Alpes, con 2.802 metros de altura), el col de Vars y el Izoard, para terminar la jornada en Briançon.

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La siguiente etapa nos llevó hasta el col de Galibier, el Iseran (el paso de montaña más elevado de los Alpes, con 2.770 metros de altitud)) y el Cormet de Roselend, para terminar la etapa en la capital de los Alpes: Chamonix Mont Blanc. Visitar los Alpes por primera vez y no recalar en Chamonix es, cuanto menos, una herejía. Conocí esta bella localidad al principio de los años 80, cuando no estaba tan de moda como ahora, y se respiraba en sus calles todo el carácter montañero que pudiéramos imaginar. Hoy en día se ha convertido en un punto de atractivo turístico y ha perdido gran parte de ese estilo tan personal, pero continua siendo un lugar de una gran belleza. Nuestra intención era haber cogido el teleférico que asciende hasta el Aguile de Midí, para disfrutar de una de las mejores vistas de los glaciares de los Alpes, pero las cumbres estaban completamente tapizadas por unas densas nubes y no hubiera sido muy buena idea, sobre todo por la importante cantidad de dinero que hay que desembolsar para utilizar este servicio (unos 50 euros en aquel momento).

Mapa

El regreso

Disponíamos de tres jornadas para volver hasta Madrid, ya que las obligaciones laborales y familiares de gran parte de nosotros así lo aconsejaban, por lo que decidimos empezar a descontar ya los kilómetros, atravesando los bellos parajes que rodean poblaciones como Annecy o Le Puy. La dinámica seguía siendo la misma: realizar el máximo de kilómetros posibles, pero disfrutando de las intrincadas carreterillas del Macizo Central francés, la comarca del Languedoc y el País Cátaro. La siguiente noche nos vimos buscando hotel para los cuatro cuando ya estaba muy anochecido y, como una aparición, en medio de un bosque, nos dimos de cara con un hostal en el que, además (algo complicado en Francia a partir de las 8 de la noche) pudimos cenar.

En otra jornada llegamos hasta la localidad pirenaica de Foix, donde llegamos lloviendo y, tras recorrer varios alojamientos, pudimos encontrar una habitación para todos en una especie de camping que sería un auténtico palacio de relax para nuestras castigadas anatomías: hacer tandas de más de 600 kilómetros diarios por carreteras llenas de poblaciones, cruces y, sobre todo, curvas, no es tarea sencilla.

El final

La última jornada amanecería luminosa, por lo que decidí que recorreríamos los primeros kilómetros del Pirineo atravesando algunos de los collados más pintorescos de Francia, como el Portillón, el col de Aspet o el col de Mente, para continuar camino hasta Madrid casi sin detenernos.

Alpes 2012 (14)

Después de recorrer más de 3.500 kilómetros en menos de una semana habíamos visto nuestro objetivo cumplido, utilizando una organización e infraestructuras mínimas, gastando una cantidad de dinero ridícula (menos de 600 euros por persona) y guardando en la memoria los mejores recuerdos imaginables.

Para vivir una auténtica aventura solo es necesario tener ganas de hacerlo.

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