Hace años…

Por tradición familiar, desde que tengo uso de razón, siempre salíamos en familia a la montaña, y es una afición que nunca me ha abandonado. Caminar fue lo primero que me causó afición a la montaña pero, al pasar la adolescencia, las paredes verticales cada vez me seducían más.

Pajaro_Via_Oeste_1986
Chimenea de la cara oeste del Pájaro

Con bastante rechazo familiar, casi a hurtadillas y escondiendo en material de escalada entre casas de amigos y rincones domésticos, empecé a trepar por las placas de granito de la Pedriza: la escuela donde la mayoría de los madrileños hemos dado nuestros primeros pasos en vertical.

Yelmo_Via_Girles_1986
Vía Girles del Yelmo

Con el tiempo formamos un grupo de amigos, equipamos furgonetas para poder dormir dentro (ahora lo llaman “camperizar”) y comenzaron los viajes a lugares cada vez más lejanos, llegando a visitar los Alpes en varias ocasiones.

Vertical
Pared del Zabala, Peñalara

Mi hija, que heredó en tercera generación la afición por la montaña, me acompañaba en todas las actividades, incluso cuando alcanzó la adolescencia hizo sus pinitos con la escalada, haciendo cordada conmigo en varias ocasiones.

Irene02
Con 14 años ya formábamos cordada

La exigencia que requiere la escalada y el alpinismo supone entrenamiento continuo, sacrificio cotidiano y, sobre todo, muy buena grupeta de amigos con los que poder escalar; pese a lo individualista que parezca, es uno de los deportes más sociales que conozco. Cuando me metí más de lleno con la bicicleta de montaña y, posteriormente, con la de carretera, fui dejando la escalada… aunque no la montaña.

 

WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: